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Alarma por el empleo de camas solares en niños y jóvenes

En el año 2005, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya alertaba acerca del peligro que genera, en adultos y especialmente en jóvenes menores de 18 años, el uso de camas solares con la finalidad de tener un buen bronceado. Al parecer de nada sirvió que en ese momento aportara cruentas estadísticas acerca de casos de melanomas malignos vinculados a su uso. Hoy lejos de descender, las cifras continúan en aumento y según un reciente trabajo de investigadores británicos el futuro que se vislumbra parece no ser el mejor: en Inglaterra el 6% de los niños y jóvenes con edades comprendidas entre los 11 y 17 años -aproximadamente 250.000 personas- estuvo expuesto alguna vez a camas solares y el 15% de los que no las utilizaron tienen la intención de hacerlo en un futuro.

Para llegar a esa conclusión, publicada en el último número de la revista medica British Medical Journal, los científicos liderados por Catherine Thomson, del Centro de Investigación del Cáncer del Reino Unido, encuestaron en el año 2008 a 3101 niños y adolescentes. Las mujeres reportaron haber utilizado las camas solares con mayor frecuencia que los varones. Aproximadamente uno de cada cuatro jóvenes manifestó que las había empleado en gimnasios o centros de belleza sin previo consentimiento o supervisión de mayores.

El melanoma es el más letal de todos los tumores de piel. Cada año se diagnostican en todo el mundo alrededor de 132.000 casos nuevos y mueren por el unas 66.000 personas. En el año 2009, la Agencia Internacional del Cáncer rotuló a las radiaciones ultravioletas que son irradiadas por las camas solares como cancerígenas para la piel. No es para menos, fue documentado que el uso por debajo de los 35 años aumenta las posibilidades de padecer melanoma en un 75%.

Algunas camas solares pueden emitir niveles de radiación ultravioleta superiores a los liberados por el sol estival de mediodía de la mayoría de los países. Pese a ello, en la actualidad, sólo algunos países cuentan con una normativa en vigor que las regule. Un desliz no menor, si se tiene en cuenta que en forma conjunta con el humo del tabaco y el asbesto entre otros, las radiaciones ultravioletas constituyen la categoría de sustancias de mayor efecto cancerígeno conocido.

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