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Extreman medidas para combatir la salmonelosis

La salmonelosis es una enfermedad infecciosa diseminada por todo el mundo. Por ejemplo, en los Estados Unidos algunas estadísticas hablan de 79.000 casos anuales de gastoenteritis y alrededor de 30 muertes por año debida a ella. Son cifras que preocupan a autoridades sanitarias del país del norte: recientemente la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) reforzó medidas destinadas a que los productores de huevos de gallina brinden alimentos más seguros.

Los huevos de aves de corral constituyen el principal vector encargado de propagar la enfermedad en los seres humanos. De ahora en más, aquellos que los comercialicen deberán extremar los esfuerzos para evitar situaciones indeseables tales como la falta de una monitorización rutinaria que permita descartar infección por salmonella, una pobre higiene y control de pestes -que en definitiva son los encargados de posibilitar la transmisión- y fallas en el almacenamiento y transporte de los huevos.

Pero además, buscan concienciar a los propios consumidores por medio de recomendaciones útiles. Afirman que un buen primer paso consiste en adquirir aquellos productos que cuenten con las autorizaciones sanitarias pertinentes. A la bacteria responsable de la enfermedad se le vuelve un tanto difícil desarrollarse en presencia de bajas temperaturas. Por lo tanto sólo se deberían elegir aquellos cuyas temperaturas de almacenamiento no hayan superado los 7 grados Celsius. Tampoco nunca está de más abrir la caja y verificar que se encuentren perfectamente limpios y sin grietas en su cáscara.

Una vez en el domicilio, el mejor lugar para ellos indudablemente es la heladera. No deberían pasar más de tres semanas sin que finalicen en el plato. En el caso de ser colocados en el freezer, se debe tener en cuenta que un batido de yemas y claras resiste aproximadamente por un lapso de 12 meses.

A la hora de cocinarlos se debe mantener temperaturas que superen los 72 grados Celsius. Se buscará que adquieran siempre una consistencia firme. Dejarlos a medio cocinar quizás no sea la mejor opción, pero en el caso de que alguna receta así lo requiera se puede recurrir a huevos previamente pasteurizados para minimizar los riesgos. Por último, nada mejor que ingerirlos inmediatamente después de cocinados. En el caso de formar parte del banquete de un día de campo o de las calorías reparadoras de energía durante el trabajo diario, es muy importante mantener una adecuada temperatura de conservación hasta su posterior ingesta.

Lejos de descender, en los últimos años se ha registrado en todo el mundo un alarmante incremento en el número de casos diagnosticados de salmonelosis. Sin dudas, el cumplimiento de medidas simples como las comentadas ayudará a mejorar la salud de la población.

Imagen: Flickr